
+Un recorrido por las obras que transformaron la fe en una interrogante sobre la naturaleza humana, desde el dolor de Gibson hasta el silencio de Scorsese.
+Un tipo de cine que llama a la reflexión en forma explícita e implícita y ese es su mérito
Catalina Gallardo
Con el anuncio de “La pasión de Cristo: Resurrección”, secuela de la aclamada cinta homónima dirigida por Mel Gibson hace 22 años y el estreno de la esperada epopeya bíblica de Terrence Malick, que se rumorea saldrá el presente año, el cine religioso ha sabido cómo abrirse paso en el último tiempo, especialmente de la mano de directores aclamados por la crítica. Lo anterior, evidencia también que las narrativas que hablan desde la religión se han abierto un espacio especial no solo entre los creyentes, sino también en el público general y los entusiastas del cine.
LA PASIÓN DE CRISTO Y EL FENÓMENO CULTURAL
Con un presupuesto de $30 millones de dólares “La pasión de Cristo”, primera cinta de Mel Gibson, alcanzó una taquilla mundial de $612 millones, siendo la película de categoría religiosa más lucrativa de la historia e instaurando el cine bíblico comercial contemporáneo, demostrando que las obras independientes no tenían nada que envidiarles a los grandes éxitos hollywoodienses y es que el cine épico bíblico ha existido desde siempre, con obras como Ben-Hur de 1959 o Los Diez Mandamientos de 1956, blockbusters que siguen siendo de culto hoy en día. Sin embargo, durante los 40 años desde el estreno de la epopeya de William Wyler, los filmes religiosos se mantenían como obras de autor, véase “El Evangelio según San Mateo” (Pier Paolo Pasolini, 1964) o como éxitos moderados, por ejemplo, “El Príncipe de Egipto” (Simon Wells, 1998).
LAS CARAS DE LA RELIGIÓN EN EL SÉPTIMO ARTE
La otra cara de la moneda muestra que en el cine de culto estas producciones permanecen como obras que, aunque con taquillas bajas, han sido un éxito de críticas porque analizan y hacen preguntarse desde distintos ángulos, no solo los temas que componen los versículos de la biblia, sino la naturaleza humana detrás de la fe. Martin Scorsese, director de la aclamada “Taxi Driver” ha planteado sus dilemas sobre Dios
en dos cintas: “La Última Tentación de Cristo” en 1988, donde caracteriza a Jesús (Willem Dafoe) como un hombre lleno de dudas y conflictos, muy lejano del mito del mesías que siempre acompaña a la figura del hijo de Dios. Y “Silencio” en 2016, adaptación de la novela de Shuzaku Endo sobre dos sacerdotes (Andrew Garfield y Adam Driver) que viajan a Japón a buscar a su mentor (Liam Neeson) quien fue en una misión para evangelizar Asia.
UN TIPO DE CINE QUE LLAMA A LA REFLEXIÓN
¿Puede Dios ser ajeno al dolor de su creación? ¿Pudo Jesús haber dudado del mayor acto de amor hecho por la humanidad? Las respuestas no son claras, sino que invitan a reflexionar al espectador sobre la fe como experiencia humana. Otros filmes destacados son “El Árbol de la Vida” de Terrence Malick (2011), ganadora de la Palma de Oro de Cannes que explora la religión desde lo cotidiano y a través de la memoria, sin recurrir a simbología religiosa explícita. O “El Reverendo” de Paul Schrader (2017) sobre un hombre de fe que cuestiona sus creencias luego de una pérdida y el encuentro con dos activistas. ¿Puede el cine hacer visible lo invisible? Tanto Gibson como Scorsese, Malick o Schrader plantean la empatía como ejercicio universal de la religión. Desde “Los Diez Mandamientos”, el cine bíblico ha seguido planteando cómo nos relacionamos con Dios. Las respuestas cambiarán dependiendo del espectador, pero queda claro que la fe sigue y seguirá siendo un pilar fundamental del séptimo arte.
